San Ignacio y el servicio

25 octubre 2021Homilía Kolvenbach

Durante este Año Ignaciano, publicamos una serie de homilías que el P. General Kolvenbach pronunció en las fiestas de San Ignacio. En esta homilía, el P. Kolvenbach habla de la importancia del servicio para San Ignacio.

Iglesia de Jesús, ROMA

31 de julio de 1989

Deseo dar las gracias a cuantos habéis venido esta tarde a la iglesia de Jesús para celebrar la Eucaristía en la fiesta de San Ignacio. Siempre es delicado – y con frecuencia injusto – querer resumir en pocas palabras toda la espiritualidad de un santo. Pero el mismo San Ignacio ha indicado neta preferencia por algunas palabras que más ponen de manifiesto el hondón de su corazón. La expresión más difundida es «ad maiorem Dei gloriam» (a mayor gloria de Dios). Esta dice a un tiempo su adoración amorosa de un Dios cuyo corazón será siempre más grande que el nuestro, y su plena disponibilidad a seguir al Señor donde quiera que vaya en su pasión por la gloria del Padre. Para concretar en la vida de cada día este deseo de situarse junto al Hijo a fin de tomar parte en su obra de nuestra salvación, San Ignacio elige la palabra «servir». Bajo formas diversas San Ignacio dice y repite que debemos «servir a Dios Nuestro Señor por puro amor» (Ej. Esp., 370) y que nuestra entera existencia no tiene más significado que el de «en todo amar y servir a Dios Nuestro Señor» (Ej. Esp. , 363).

Servir sigue siendo para nosotros palabra noble e ideal de vida; pero si servir quiere decir «ser siervo» o más radicalmente aún «ser esclavo», el hombre arrebatado por la pasión de la libertad, no duda en servirse de los otros, a la vez que se rebela contra toda servidumbre y esclavitud. Únicamente contemplando a Cristo, que vino entre nosotros no para ser servido sino para servir, San Ignacio captó la plenitud divina y el significado humano de «servir». «Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo. El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a

Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando la condición de siervo», de esclavo (Flp 2,5-7). Ver que el más grande sirve a la mesa, siervo de nosotros siervos suyos, transforma al compañero de Jesús en persona «movida por el deseo de servir» (Const. 540). Hablando de su experiencia personal en los Ejercicios, Ignacio entiende bien que aquel que es mentiroso desde el principio no desiste de convencernos de que cualquier servicio al Todo Otro y a todos los otros en su nombre, es indigno del hombre íntegro y va contra los derechos de quien se tiene por moderno y emancipado. Nuestro gozo en el servicio estará amenazado siempre por las tentaciones que el mismo Señor quiso padecer. Ignacio no cesa de repetimos que «el mayor servicio» (Ej. Esp., 183) exige conversión, transmutación radical de las perspectivas: servir es reinar, la libertad cristiana consiste en ofrecer toda la propia libertad para que su «divina majestad pueda servirse de nosotros» enteramente (Ej. Esp., 5). Muy bien conoció Ignacio la corte de los grandes de este mundo, que sirven sólo de boca para afuera, interesadamente, de hecho, sirviéndose a sí mismos. Por tal motivo, San Ignacio no concibe el servicio fuera de un amor personal entre el Señor y la persona humana creada por amor, salvada por un amor todavía más grande. El servicio es la respuesta de nuestro corazón a Dios que nos ha amado primero. Ignacio rehúsa hacernos una lista de los servicios que debemos prestar o dictarnos un programa de cosas en que servir. Hemos de servir a Dios en todas las cosas, lo que significa una gran diversidad de vocaciones y misiones al servicio del Señor y, por nuestra parte, una amorosa disponibilidad a dejar al Patrono de la viña la elección entre todas las cosas de cómo desea El – Y no yo – que sea concretamente este servicio. De todos modos, es el deseo de servir el que decide el servicio laical, religioso o sacerdotal y también el más pequeño detalle de nuestra vida (cf. Ej. Esp., 155).

 

Así, el mayor servicio de Dios es al mismo tiempo el Espíritu, el hálito de nuestra vida y la encarnación de este Espíritu a imagen del Señor Jesús en las formas concretas de servicio – todas las cosas – a mayor gloria de Dios.

Al recibir el cuerpo y la sangre del Señor, la intercesión de San Ignacio nos conceda responder con generosidad, gratuidad y gozo a la invitación del Señor a servirle y amarle cada vez más en todas las cosas, a mayor gloria de Dios Padre en su Espíritu de amor.

Descubre las otras homelías aquí.

Written byÉcrit parEscrito porScritto da Peter Hans Kolvenbach SJ
Peter Hans Kolvenbach SJ (30 de noviembre de 1928 - 26 de noviembre de 2016), jesuita holandés y vigésimo noveno Superior General de la Compañía de Jesús.

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