Cinco santos y una fiesta

15 marzo 2022Artículo

400 Aniversario de cinco canonizaciones

Par Yamid Castiblanco, SJ

Hace 500 años, a causa de una herida en la pierna, Dios irrumpió de una manera tan maravillosa y definitiva en la vida de Ignacio de Loyola (1491-1556), que un siglo después, el 12 de marzo 1622, aquel vasco habría de ser canonizado por el Papa Gregorio XV en la Basílica de San Pedro. Nadie habría pensado que aquel peregrino, tras llegar solo y cojeando a Roma con grandes deseos de imitar a Jesús, volvería un día a la Ciudad Eterna con un grupo de amigos para terminar poniéndose al servicio del Papa y de la Iglesia Universal.

En el marco del Año Ignaciano (de 20 de mayo de 2021 a 31 de julio de 2022) que conmemora la herida y la conversión del santo, el Papa Francisco ha venido a celebrar el aniversario de esa canonización a la Iglesia del Gesù, a pesar de los quebrantos de salud que le impidieron presidir la celebración. Con una cojera y un amor incansable por la Iglesia que recuerdan a Ignacio, el Santo Padre asistió a esta fiesta de la santidad, pero no lo hizo solo ni únicamente como jesuita.

 

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El Papa Francisco en la Iglesia del Gesù en Roma, el 12 de marzo de 2022.

 

En vísperas a cumplir su noveno año de pontificado, el Papa vino a festejar con jesuitas, oratorianos, carmelitas, laicos y laicas de todo el mundo (algunos presentes y miles que siguieron la transmisión) la primera canonización colectiva de la historia. En ella, además del fundador de la Compañía, fueron también canonizados, Francisco Javier (1506-1552), misionero y parte de los primeros jesuitas; Teresa de Jesús (1515-1582), religiosa y mística, fundadora de las religiosas y religiosos carmelitas descalzos; Isidro Labrador (1079-1172), laico patrono de los campesinos y de la ciudad de Madrid; y Felipe Neri (1515-1595), sacerdote italiano fundador de los Oratorianos. “Cuatro españoles y un santo”, como se comenta con gracia desde entonces.

Sin embargo, la inmensa huella de esos santos, que traspasa siglos, nacionalidades y personalidades, se debe en primer lugar a la iniciativa del Señor. Y esa iniciativa, como lo recordó el Papa a propósito del Evangelio de la Transfiguración, en que” Jesús tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan”, es una llamada arraigada en la comunidad. Por eso, ante las tentaciones de individualismo, clericalismo, rigidez e ideologías divisorias… los santos son aquellos que se han hecho “columnas de comunión” como Ignacio a través del discernimiento y el sentir con la Iglesia, fruto de sus Ejercicios Espirituales.

 

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Iglesia del Gesù en Roma, el 12 de marzo de 2022.

 

Igualmente, ante el peligro de una fe cómoda y estática, el Santo Padre recordó el valor que infunden santos como Teresa para subir con esfuerzo la montaña hasta el confín de la tierra y el cielo “donde el hombre se ‘enfrenta’ a Dios”, o para llevar el Evangelio, como Francisco Javier, hasta los rincones más insospechados de nuestro mundo y sociedad. En medio de una realidad desfigurada por la guerra, la injusticia y demás males, el Papa invitó finalmente a una oración que transfigure el mundo en lugar de alejarse de él, como la de Felipe Neri al atender a los niños de la calle o la de san Isidro al trabajar la tierra.

Finalmente, además de las palabras desgarradoras “ten piedad de mí, respóndeme” del salmo cantado por una joven ucraniana, la celebración, presidida por el Superior General de los jesuitas, Arturo Sosa, estuvo marcada por varias cosas significativas: la oración ante la tumba de Ignacio y las reliquias de los otros cuatro santos acompañada por el Arzobispo de Madrid y los Superiores Generales de los Carmelitas y los Oratorianos; la ofrenda hecha por refugiadas del Centro Astalli de Roma al Santo Padre; el maravilloso coro del Collegio del Gesù; y por último, el afecto y la humildad del Papa. En efecto, siendo Pastor Universal de la Iglesia, Francisco se presentó también como hijo espiritual de la Compañía al aniversario de sus dos grandes padres sin perder la ocasión para aludir al tercero de ellos: Pedro Fabro, a quien él mismo canonizó.

Cuando el famoso jesuita Baltasar Gracián dijo que “Roma es una ciudad llena de santos muertos…” seguramente no imaginó que, 400 años después, aquellos cinco seguirían tan o más vivos que nunca. Sin importar su lugar de origen o su sepultura, queda claro al final de esta fiesta que el Espíritu de estos cinco sigue inspirando a muchos por doquier a “ver todas las cosas nuevas en Cristo”, lema de este Año Ignaciano que aún continúa.

Lea el texto completo de la homilía del Papa Francisco y vea la galería de fotos en jesuits.global.

 

Written byÉcrit parEscrito porScritto da Ignatian Year Team
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